Beneficios de la ingesta de la placenta tras el parto

Anestésico natural

El neurofisiológo Mark Kristal descubrió en 1986 una molécula en la placenta a la que denominó POEF (Factor Facilitador Opioide Placentario). Esta molécula tiene como función modificar la cantidad de opioides endógenos, es decir, promueve la producción de endorfinas por la madre tras el parto, produciendo una reducción natural del dolor.

El POEF sólo se absorve por vía digestiva al ser ingerido, y actúa sobre el Sistema Nervioso Central mediante la activación de los receptores neuronales gástricos (Tarapacki et al. ,1992).

Aún no está comprobado pero al parecer es posible que, a través de la leche materna, también el recién nacido se vea beneficiado de sus efectos calmantes en su propia recuperación del proceso de nacimiento.

 

Contribuye al vínculo con la cría

Como ya hemos visto, el POEF hace que la madre genere opioides. Este aumento de opioides endógenos en sangre es el responsable, además, del desencadenamiento de los cuidados maternales. Hemos mencionado anteriormente cómo hembras de ratón a los que no se les dejó que ingieran sus placentas, rechazaron a sus crías.

 

Disminuye hemorragia post parto y favorece involución uterina

La tromboplastina, agente fisiológico de la coagulación, está presente en la placenta. También la oxitocina, hormona que provocará las contracciones para que el útero vuelva a su sitio.

Por mi experiencia a lo largo del tiempo en que vengo acompañando a mujeres, éste es, sin duda, uno de los efectos visibles en los que más se nota la diferencia entre ingerir o no ingerir la placenta.

 

Disminución de la depresión post parto

Al reincorporar la placenta, se compensa la fuerte deprivación hormonal que se produjo con su expulsión.
Aunque recientemente se habla de la posibilidad de que esta disminución del estado depresivo venga dada por la actuación sobre receptores al ingerir la placenta, y no directamente por cantidades hormonales detectables.

 

Mejora el estado de ánimo

Su alto contenido en hierro (700 ppm) supone una recarga férrica para mamá y bebé (vía lactancia). Este mineral actúa disminuyendo la anemia fisiológica y mejorando consecuentemente el estado de ánimo.

Además, el lactógeno placentario (LPh) actúa como activador metabólico, aumentando la lipólisis, los niveles de insulina y glucemia en plasma (Tracy R. Tuttle 2004 ). Esto explicaría también por qué las mujeres que han ingerido su placenta tras el parto experimentan un incremento de su estado energético.

 

Proporción de minerales en placenta humana (del artículo del Dr Sáchez Suárez en Gen-T, nª 3)

 

Beneficia la producción de leche materna

Su alto contenido en PRL (prolactina) y LPh (lactógeno placentario humano) hace de la placenta un potente galactogogo.

Ya en 1917 se publicó el artículo “The Placenta as a Galactogogue Source” en The British Medical Journal Vol. 1, No. 2928 (Feb. 10, 1917), p. 203, donde se puso de manifiesto los beneficios de la ingesta de la placenta en la producción láctea en mujeres que en embarazos anteriores habían padecido hipogalactia o agalactia.

Louise Toussaint, experta matrona francesa, comprobó hace más de un siglo en los partos que atendía, cómo el tomar unos pedazos de la placenta provocaba en las madres una abundante y rápida secreción láctea (además de una pronta recuperación física). Incluso verificó cómo mujeres no embarazadas y nulíparas también producían leche tras el consumo de placenta.

 

La placenta es el primer alimento funcional

Contiene aminoácidos, vitaminas, hormonas, ácidos grasos y minerales. Su composición exacta variará según el entorno, siendo ésta completamente específica e idónea para cada binomio madre/bebé.

 

composicion_alimentaria_placenta

Tabla extraída del estudio ”Influencia de la Reincorporación Oral de la Placenta Autóloga tras el Parto, en la Evolución Bioquímica, Sanguínea y Láctea” UPGC 2015

 

Influye en la maduración perinatal y en el estado de salud del recién nacido en la etapa adulta

Al ingerir la placenta se programa la composición de la leche materna. Científicamente está demostrado, desde hace casi cien años ya, que la placentofagia modifica la cantidad y composición bioquímica de la leche materna. También sabemos de la importancia de la alimentación del recién nacido durante el primer año de vida para su salud posterior. Por todo ello, es evidente la importancia de la ingesta de la placenta desde el punto de vista nutricional para el recién nacido, y también la influencia en su salud en la edad adulta.

En 1918 el Dr Lyle G. Mc Neile, profesor y presidente del Departamente de Ginecología y Obstetricia de la Southern California University de California estudió y registró el incremento de la curva peso/estatura en bebés cuyas madres ingirieron placenta:

 

Gráfico comparativo del promedio de peso en onzas de los recién nacidos del grupo A (con ingesta de placenta) y grupo B (sin ingesta) extraído del estudio ”Influencia de la Reincorporación Oral de la Placenta Autóloga tras el Parto, en la Evolución Bioquímica, Sanguínea y Láctea” UPGC 2015.

 

Supone un aporte de vitamina k a través de la lactancia

Los recién nacidos no sintetizan esta vitamina hasta que no tienen 1 / 2 semanas de vida, siendo hasta entonces deficitarios en ella. Para cubrir esta necesidad, se les inyecta vitamina k al nacer. ¿Por qué sólo los humanos presentamos este problema, mientras que el resto de mamíferos tienen un adecuado nivel de dicha vitamina? En la placentofagia parece estar la respuesta.

El médico bromatólogo Sergio Sánchez Suárez ha medido en su último estudio cómo influye la ingesta de la placenta en la cantidad de vitamina k en sangre en la madre. Los resultados son que el nivel de vitamina k, 6 horas después del parto, aumenta considerablemente respecto a las madres que no la ingirieron.

También en el mismo estudio se ha medido la cantidad de vitamina k en la leche placentaria (leche de mujer que ingiere su placenta) y no placentaria. Los resultados son que en la primera semana, que es cuando el bebé aún no puede sintetizar esta vitamina, los valores de vitamina k en leche placentaria son de más del doble que en la no placentaria. A partir de la segunda semana, cuando el bebé ya puede sintetizarla, estos niveles no distan tanto en un grupo y otro.

La ingesta de la placenta favorece doblemente la cantidad de vitamina k en l@s recién nacid@s. Por una parte, aumenta directamente la cantidad disponible de esta vitamina para el bebé vía lactancia. Y por otra, favorece su absorción, ya que la leche placentaria es más grasa que la no placentaria, y una dieta rica en grasas favorece la biodisponibilidad de vitamina K.

Por otra parte, hay que recordar que la vitamina K no es sólo importante por tratarse de un antihemorrágico, también es fundamental para el metabolismo óseo, pudiendo afectar sus niveles tanto a mamás como a bebés.

 

Proporción de vitaminas en placenta humana (del artículo del Dr Sáchez Suárez en Gen-T, nª 3)

 

Efectos aún no demostrados científicamente

En su tesis ”Influencia de la Reincorporación Oral de la Placenta Autóloga tras el Parto, en la Evolución Bioquímica, Sanguínea y Láctea” UPGC 2015, el doctor Sánchez Suárez nombra varias líneas para seguir en futuras investigaciones. A continuación enumero algunas de ellas:

  • La placenta contiene factores que, parece ser, podrían evitar la formación de los anticuerpos que ocasionan la incompatibilidad de RH madre/feto en posteriores embarazos.
  • Contiene proteínas específicas del embarazo cuya función aún se desconoce. (Recordemos como el POEF, con efectos importantísimos sobre el parto y la crianza, fue descubierto apenas hace 30 años). Y otras que, aunque aún no se sabe cómo pueden influir, sabemos de su importancia desde el punto de vista oncológico.
  • Se ha observado que las placentas de los bebés que han desarrollado un espectro autista tenían ciertas características comunes. ¿Y si su placenta tuviese la información necesaria para evitar el autismo, y ésta se transmitiera a través de la lactancia al bebé? Quizás la leche placentaria actúe reequilibrando ciertos niveles y evitando la posterior aparición de la patología, que suele diagnosticarse unos años después del nacimiento.
  • La placenta proporciona control inmunológico intraútero. Se desconoce si tiene función inmunológica externa, a modo de vacuna. Podría ser que su contenido en bacterias tuviera influencia a nivel inmunológico.
  • En las áreas genómicas cercanas al PEG3, en su misma región cromosómica, se encuentra un Gen Asociado al Cáncer (CAG) que se expresa en cánceres de mama y próstata, así como otra serie de genes que se expresan en cánceres de colon, cerebro y ovario. Habría que estudiar si guardan algún tipo de relación.
  • También, en el mismo área, se encuentran genes que regulan el sistema inmune. En investigaciones recientes se ha visto la relación de la función de estos genes con la regulación inmune de la inflamación, enfermedades infecciosas, cáncer, la neurodegeneración y enfermedades autoinmunes.
  • El gen PEG3, presente en la placenta, posee actividad antitumoral (Kohda et al. 2001). Aún no se sabe si ésto tiene efectos sobre la fisiología del recién nacido a través de la lactancia placentaria.
  • Se hace también necesario el estudio de la posible relación entre la aparición de un mayor número de patologías de origen genético e inmunológico en los últimos tiempos, y el abandono la práctica de la placentofagia en humanos.

 

¿Puede ser peligroso ingerir la placenta tras el parto?

No, no supone ningún riesgo para tu salud, siempre que la recolección y procesamiento se hagan con las condiciones de bioseguridad adecuadas.

La principal razón que dan quienes recomiendan no ingerir la placenta tras el parto es que ésta es un órgano filtrador y que, por ello, contiene partículas que al ingerir podrían poner en riesgo nuestra salud. Sin embargo, la cantidad de moléculas tóxicas presentes en la placenta son mínimas. Y lo mismo ocurre con las bacterias.

Está demostrado que la cantidad de estas moléculas está muy por debajo de los máximos que las normativas vigentes sobre alimentación permiten en los alimentos. De hecho, la mayoría de alimentos que ingerimos tienen niveles de tóxicos y bacterias mucho mayores que la placenta.

Así que puedes decidir libremente, sin ningún miedo, si quieres reintegrarla o no, porque tu salud no corre ningún riesgo.